Cómo ayudar a tu niño pequeño a gestionar las emociones intensas

Si tienes un niño pequeño, seguro que ya lo has visto llorar porque se le ha partido la merienda por la mitad o porque era hora de irse del parque. Aunque estas situaciones puedan parecer insignificantes para los adultos, para un niño pequeño pueden suponer un gran problema.

Los niños pequeños todavía están aprendiendo a entender y a gestionar sus emociones. Necesitan adultos que se preocupen por ellos y les ayuden a lidiar con esos sentimientos tan intensos.

¿Por qué tienen rabietas los niños pequeños?

Los niños pequeños aprenden algo nuevo cada día. Quieren ser independientes, pero todavía necesitan mucha ayuda. Además, entienden más palabras de las que pueden decir, lo que puede hacer que se sientan frustrados. Las rabietas son algo normal en su desarrollo. No significan que tu hijo sea malo ni que tú estés haciendo algo mal como padre o madre.

Mantén la calma

Cuando tu hijo esté alterado, necesita que mantengas la calma más que tu enfado. Respira hondo y háblale con voz suave.
Puedes decirle cosas como:

  • «Sé que estás triste».
  • «Qué decepción».
  • «Estoy aquí contigo».

Hacerle saber a tu hijo que entiendes cómo se siente le ayuda a sentirse seguro. Eso no significa que estés cediendo ni que vayas a cambiar las normas.

Enseña, no castigues

Cuando tu hijo se haya calmado, habla con él sobre lo que ha pasado. Ayúdale a expresar con palabras lo que siente diciéndole cosas como: «Te sentías frustrado porque ya era hora de irnos». Con el tiempo, esto ayuda a los niños a aprender a reconocer y hablar de sus emociones en lugar de exteriorizarlas de forma descontrolada. También podéis practicar juntos cómo respirar hondo o darle un abrazo si tu hijo lo quiere.

Ten paciencia

Aprender a gestionar las emociones lleva tiempo. Al igual que aprender a andar o a hablar, las habilidades emocionales se desarrollan poco a poco. Tu hijo no lo hará bien siempre, y eso está bien. Todavía está aprendiendo.

Recuerda: lo estás haciendo mejor de lo que crees

Cuidar de un niño pequeño puede ser agotador. Habrá días en los que te preguntes si estás haciendo lo suficiente. La verdad es que cada vez que consuelas a tu hijo, te mantienes paciente y le ayudas a aprender de sus errores, le estás enseñando habilidades valiosas para la vida.

No tienes por qué ser un padre o una madre perfectos. Tu hijo o hija solo necesita un adulto cariñoso que esté ahí cada día, le dé consuelo y no deje de intentarlo. Esos pequeños momentos de paciencia y conexión ayudan a tu hijo o hija a sentirse seguro, querido y preparado para crecer.

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